jueves, 3 de abril de 2014

Llueve


El paso lento de los segundos me recuerda que aún no estás.
Las nubes grises cuelgan sus gotas de la punta de sus dedos.
Se prepara la tormenta entre sol y sombra pero yo...
yo sólo veo tu ausencia.

El brillo lejano de tus ojos y...
mis manos apagadas que ansían alcanzarlo.

Sobre los tejados resbala la tarde,
se apaga poco a poco,
quizá nunca estuvo encendida del todo.

Entonces el eco de tu voz, que llega desde la distancia
confundido por mí con un trueno.
Llueve...

sábado, 2 de noviembre de 2013

Camino al mar...



Hubo un tiempo,
en el que me sentí como un pez
respirando fuera del agua,
abriendo grande mi boca,
para llenar de nada
cada uno de mis dos pulmones.

Entonces llegaste tú
me cogiste entre tus manos
firmes, cálidas, dulces...
y me mostraste de nuevo,
con paso lento pero seguro,
el camino hacia el mar.

viernes, 1 de noviembre de 2013

En el silencio de la mañana...


Gustaba de tomarse un café a solas,
en el silencio de la mañana,
cuando todo ser viviente dormía en calma,
con el frío sobre su nariz,
y el vapor dulce del brebaje diurno
sobre sus papilas gustativas.

Aunque hacía bastante tiempo que ese silencio
se extendía como una mancha sobre la moqueta
aún así, le gustaba recordar esos momentos,
cuando la casa andaba potencialmente viva,
pero muerta a primeras horas de la mañana.

Esperaba con ansia apurar su bebida,
sin prisa, sin estrés, pero sabiendo,
que de un momento a otro un torbellino de vida
inundaría la estancia  vacía,
el mismo torbellino que había llenado sus días.

Recordaba aquella sonrisa amplia y profunda
a la que era imposible no devolverle la misma mueca de alegría,
aquellos ojos verdosos y vivarachos
escudriñando los primeros rayos de sol 
que se colaban por las rendijas de la persiana.

Hacía tiempo que se habían esfumado,
hacía mucho tiempo que las pisadas
rápidas y confusas no sonaban en el largo pasillo,
pero como cada día, ella se levantaba temprano,
se preparaba un café y disfrutaba perdida, 
recordando aquellos momentos que la vida,
por un instante le había regalado.

El reloj no para su ritmo para nadie,
todo sigue, todo llega y todo pasa,
había disfrutado teniéndolo entre sus brazos,
pero llegó el momento de volar
y abrió sus manos para no comprimir
la fuerza de su primer aleteo.

Una sonrisa le venía a la mente
al recordar cada tropiezo,
y también un suspiro,
un trozo de alma que se escapaba,
por el momento que no volvería,
pero lo había vivido y lo había disfrutado
 y eso era lo que realmente importaba.

Tenía esos momentos atesorados,
en las esquinas más cálidas de su alma,
y allí quedarían hasta el final,
en su recuerdo, alegre y  a la vez marchito,
vivos mientras ellas los recordara,
cada mañana, con cada café.

Porque no había muerto,
no lo había hecho,
sino que vivía dentro de sí
para siempre, por siempre,
mientras su cuerpo hiciese una sombra,
por pálida y delgada que fuese,
bajo sus pequeños pero firmes pies.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Bruma...



La cabeza me daba vueltas,
enredada como un sarmiento de vid,
confusa como la neblina diurna.

Era difícil pensar con claridad,
la tarde traía consigo novedades,
se sucedían a ritmo vertiginoso.
La sangría de acontecimientos no cesaba
y las sienes me ardían como brasas encendidas.

De fondo el sonido de un programa aburrido y grotesco,
ni siquiera escuchaba los chismes de turno que contaban,
sólo el zumbido en mis oídos  que por momentos iba ganando terreno.

En medio de toda esa bruma de confusión, una luz,
como un faro guía en medio del mar,
que anuncia la llegada a la costa,
y entonces tú.

Tus manos sobre mi pelo y el dolor intenso va cediendo.
La presión, la angustia, el volumen de la tele que desciende.
Tus ojos en los míos y mi cara sobre tu pecho.

Tu corazón late en mi oido y mi nariz respira por tus pulmones,
ya no sé si soy tú o si tal vez soy yo, no importa, somos los dos.
El mejor momento del día, que llega y se va con la bruma,
mejor junto a tí, o tal vez tú junto a mí, que más da, ya no hay más.


martes, 15 de octubre de 2013

Piel de Cordero...


Llegó a casa con la misma sonrisa fingida de siempre. Se desprendió como cada día de su piel de cordero, dejando al desnudo su verdadera identidad. Llenó un vaso con algo de alcohol y lo acompañó con un par de cubitos. El tintineo del hielo contra el vidrio hizo que el brebaje se enfriase de forma rauda, al igual que sus pensamientos al dar el primer sorbo. Por fin podía ser libre, sin máscaras, sin ataduras, relajar su sonrisa y tensar su espíritu. 

No pretendía engañar a nadie, entre esas cuatro paredes, podía mirar como un auténtico lobo, como el cazador errante que siempre había sido, obligado por siempre a vivir entre una maraña de corderos de ojos suplicantes.

Estaba cansado de interpretar aquel papel, pero no siempre funciona bien dejar ver a todos, que bajo tus lanas hay algo más. Así, que tomaría impulso, tenía toda la noche para recuperar el tiempo perdido, retrotraerse, ensimismarse, revivir sus recuerdos con la misma fuerza de antaño, recordar la cacería de sus presas, tan inocentes, tan distraídas, tan estúpidas... 

Mañana sería otro aburrido día, volvería de nuevo a colocarse su sonrisa fingida y a vestir su piel de cordero para de esta forma salir y comerse el mundo junto al resto de bienmandados con ojos suplicantes, pasando desapercibido en esa maraña de seres apáticos y pululantes, tan tonto como ellos, pero sólo hasta al caer la tarde.

lunes, 14 de octubre de 2013

Pasajeros del tiempo...



En la soledad del silencio,
con la brisa y el sol de fondo,
quería estar solo, oscuro...
mas el run run de la tarde,
no le abandonaba ni por un instante.

El tic tac del reloj
pasajero del tiempo,
prisionero del aire,
se escuchaba desde el fondo,
golpeando como un yunque y su martillo.

No quería sentir,
sólo cerrar los ojos,
olvidar el zumbido de su sien,
el latido del dolor en lo más profundo
y volver a sonreír tras la tempestad.

Abrir los ojos y dejar que la luz,
inundase su verde,
con el brillo del mar,
sobre su rostro, cansado.

viernes, 11 de octubre de 2013

Se dejó a medias un café.

 
Se dejó a medias un café,
la luz del baño encendida,
un beso robado en la mejilla,
y la explicación de un porqué.

Salió raudo por la puerta,
dejando atormentada la mañana,
con la sensación de no olvidar nada,
y una sonrisa breve y cierta.

Con la satisfacción del volveré,
pero un no sé cuándo,
ni tampoco cómo lo hago
y menos aún, porqué.

Quizá cuando todo esté calmo,
quizá cuando el corazón,
se acompase a la razón,
y le pida estar a mi lado.

Mientras saborea ese café ( a medias),
espera al caer la tarde,
sintiendo como se consume y arde
el recuerdo  de lo vivido ayer.

Echando de menos,
el camino recorrido,
pero no queda tan lejos,
la simpleza de todo lo vivido.


Flapping Purple Butterfly