miércoles, 16 de octubre de 2013

Bruma...



La cabeza me daba vueltas,
enredada como un sarmiento de vid,
confusa como la neblina diurna.

Era difícil pensar con claridad,
la tarde traía consigo novedades,
se sucedían a ritmo vertiginoso.
La sangría de acontecimientos no cesaba
y las sienes me ardían como brasas encendidas.

De fondo el sonido de un programa aburrido y grotesco,
ni siquiera escuchaba los chismes de turno que contaban,
sólo el zumbido en mis oídos  que por momentos iba ganando terreno.

En medio de toda esa bruma de confusión, una luz,
como un faro guía en medio del mar,
que anuncia la llegada a la costa,
y entonces tú.

Tus manos sobre mi pelo y el dolor intenso va cediendo.
La presión, la angustia, el volumen de la tele que desciende.
Tus ojos en los míos y mi cara sobre tu pecho.

Tu corazón late en mi oido y mi nariz respira por tus pulmones,
ya no sé si soy tú o si tal vez soy yo, no importa, somos los dos.
El mejor momento del día, que llega y se va con la bruma,
mejor junto a tí, o tal vez tú junto a mí, que más da, ya no hay más.


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