martes, 15 de octubre de 2013

Piel de Cordero...


Llegó a casa con la misma sonrisa fingida de siempre. Se desprendió como cada día de su piel de cordero, dejando al desnudo su verdadera identidad. Llenó un vaso con algo de alcohol y lo acompañó con un par de cubitos. El tintineo del hielo contra el vidrio hizo que el brebaje se enfriase de forma rauda, al igual que sus pensamientos al dar el primer sorbo. Por fin podía ser libre, sin máscaras, sin ataduras, relajar su sonrisa y tensar su espíritu. 

No pretendía engañar a nadie, entre esas cuatro paredes, podía mirar como un auténtico lobo, como el cazador errante que siempre había sido, obligado por siempre a vivir entre una maraña de corderos de ojos suplicantes.

Estaba cansado de interpretar aquel papel, pero no siempre funciona bien dejar ver a todos, que bajo tus lanas hay algo más. Así, que tomaría impulso, tenía toda la noche para recuperar el tiempo perdido, retrotraerse, ensimismarse, revivir sus recuerdos con la misma fuerza de antaño, recordar la cacería de sus presas, tan inocentes, tan distraídas, tan estúpidas... 

Mañana sería otro aburrido día, volvería de nuevo a colocarse su sonrisa fingida y a vestir su piel de cordero para de esta forma salir y comerse el mundo junto al resto de bienmandados con ojos suplicantes, pasando desapercibido en esa maraña de seres apáticos y pululantes, tan tonto como ellos, pero sólo hasta al caer la tarde.

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